En medida que las palabras tránsfugas se escapan de tu latiente corazón, sientes una inminente necesidad de desbordarte a pedacitos por cada una de las personas que están a tu alrededor. Y te comportas extrañamente e incluso tartamudeas, y sabes que es por la emoción que ha claudicado durante mucho tiempo en tu interior y ahora siente la libertad. En parte, es su transformación.
Pero la metamorfosis no alcanza la sensatez (o madurez). Mas bien al contrario, pues regresas a un estado de descontrol mental, y en consecuencia, físico. Físico-Psíquico. Pero te deslumbras con tu propia luz, y cedes a la virtud de desconectarte de tu vida real para llegar a ese mundo sin límites, a ese mundo de sueños y risas de ensueño. A tu otra vida: la sin responsabilidades, sin preocupaciones, sin más alteración que la de la propia emoción de vivir el instante.
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