o como las brujas, pues a veces también quiero ser bruja.
y crear hechizos contra los malvados.
Y esconderme en mi gorro (hacerme invisible)
cuando me tiemblan las manos,
cuando mis ojos se cierran, por miedo a ser observados.
A contracorriente.
Superfluos pensamientos, ingrávidos, más bien
destiñendo esta telaraña, que cavita en mis adentros.
Pero el desnudo no llega, ni el más melancólico suplicio
de una verdad incondicional,
de una cadena ya no perpetua
y unas llaves afines a mi libertad.
Y enfrente el espejo, buscando mi mirada
cómplice de mi vida, se esconde
abrumada por tanta felicidad
corrompe el tiempo al unísono del universo. – Mi mirada –
Lo siento
redimiendo mi cuerpo piso más fuerte que nunca
tal vez corra, tal vez mis pies no sepan bailar esta danza
pero carezco de entendimientos, más que los sentimientos
liberándose por cada poro de mi cuerpo.
Soy libre, me he liberado, en cuanto al tiempo que os debí
ahora tan solo puedo ofrecérmelo a mí.
Consta de un miedo atroz
esta extraña declaración de sentimientos hacia mi cuerpo
hacia una mente visceral, que discierne entre lo iluso
y lo real.
Créeme que un equívoco en las decisiones
pueden destruir mundos, y crear universos.
No estoy triste. Tal vez nostálgica. Tal vez melancólica.
Tal vez suspiro por su cuerpo temblando bajo mis senos,
tal vez anhelo ése espíritu libre, que al fin y al cabo, me liberó.
Pero no le debo nada. No le debo nada a él.
Estoy borracha
y qué más da
prefiero la melancólica sensación del efímero despertar
que la embriaguez perpetua por falta de sinceridad.
Cúspide de los pájaros que alzan el vuelo
en fértiles campos de desasosiego
en cunas de civilizaciones prohibidas, dormidas
en el letargo de la senda que perdió el camino
de la señal que se extravió por donde vino
del vino que bebió cuando todavía permanecía dormido.
Me cansan las repentinas mudanzas
que no son más que huídas fugaces
y escapadas a tientas forzadas.
Estoy cansada, de subirme al tejado,
de empezar la casa por las ventana,
de cerrar una puerta tras otra
de sentir que no pertenezco a nada.
Estoy desilusionada
cuando veo que cientos de cajas
representan mis hazañas,
mi pasado, mi presente,
y quién sabe si tal vez, mi vagancia.
Me cansa oír hablar en un lenguaje
que no encaja en mis bagajes.
Y desespero intentando comprender
qué demonios sucede con mis pies
cuando ya no caminan más
cuando solo hacen que retroceder.
Estoy cansada
de nadar a contracorriente
en este mar de grandes peces
de tiburones en pieles de cordero
de corderos en pieles de lobos,
de políticos narcisistas
de vicios a la deriva
de ideas nacionalistas
de pensamientos sensacionalistas
de prensa amarilla, rosa, lila
que más da
si todas se abastecen
de aquellos que no saben ni hablar.
Estoy cansada de buscar la paz
entre tanta guerra
de soñar con un mundo mejor
y despertarme en plena trinchera.