La búsqueda de uno mismo resulta un camino mucho más complejo de lo que nos muestran desde pequeños. Siempre hemos seguido unas doctrinas marcadas desde muchos siglos atrás, que nos muestran una única luz a seguir, y si llegamos a ella, la bendición y la gloria eterna. Pero la verdad no resulta tan sencilla, y los túneles no solo tienen un único destino con su luz al final.
No. Los túneles suelen divergir en muchas otras bifurcaciones, las cuales son tan o más desconocidas como aquella que nos instigan a seguir.
La religión es una forma de enderezarnos hacia un fin, hacia un motivo por el que vivir.
Nos la muestran como la ideología políticamente correcta. Sin embargo, muchas veces olvidamos o ignoramos cuales son las verdaderas raíces de ésta.
Hoy voy a hablar del cristianismo, a través de una exposición que vi titulada “Entre lo sagrado y lo profano – El renacimiento en Prato – “. Dicha exposición enmarca cuadros del Renacimiento. Pinturas renacentistas en las que el alma cobra forma y cuerpo.
Pinturas en las que el punto de mira es la devoción hacia la cristiandad. Cuadros en los que las Vírgenes son mujeres de curvas bastas. Vestidos que no dan lugar a una imaginación obscena, y niños Jesús con miradas maliciosas.
La galería da lugar a una época donde los Santos claudicaban en santa devoción. Las Vírgenes restaban suspendidas en el aire, pudiendo ser por nubes o bien por varias cabezas de ángeles sobre las cuales se sostenían.
Realmente, me pareció un arte muy tenebroso, en los que los fondos de los cuadros se vestían de oscuridad para realzar las figuras abruptas de las Vírgenes y los cuerpos esclavizados de los santos. Al fin y al cabo, no deja de ser una ventana a la realidad, de una época donde la ironía entre el bien y el mal se debate en constante lucha.
En el cuadro “Repudio a Agar”, pude observar la desdicha del hombre hacia sí mismo. La virtud de la contradicción y la frialdad de unos corazones absolutamente inhumanos. El cuadro está claramente diferenciado por dos lados: cuando el propósito llega a la vida de uno, rechaza todo lo que hasta el momento le dio vida, mientras que, quienes han sido devotos y fieles, terminan en lamento y desolación. Es una pintura triste, de una historia real e inhumana.
Pero, es la trágica realidad: los diez mandamientos (en concreto el noveno y décimo), no dejan de ser una interpretación de códigos éticos y de moralidad, como el respeto hacia los demás. Pero “en casa de herrero, cuchillo de palo”. La religión católica ha cometido todo tipo de atrocidades a lo largo de la historia en señal de poder, lujuria y nada más lejos de la realidad que ocultar su propia mentira.
Salí de la exposición con dolor de cabeza e indignada. Indignada porqué intentan hacernos seguir una ideología políticamente incorrecta. Donde los soberanos siguen dictaminando unas órdenes irracionales, y, en muchos casos, de una inmoralidad aterradora. Y sin embargo, son miles los fieles que siguen los pasos que marca la iglesia hacia “su luz”.
Son muchos los que peregrinan para buscar la paz, para encontrar el perdón en manos de Dios, en manos de ese ser que ni tan siquiera sabemos si un día existió. Son muchos los que creen que no hay más camino, que el de “nuestro Señor”.
Tal vez por aquello de que pájaro en mano vale más que ciento volando, muchos conservan la fe intacta a pesar de todo. Los cuadros no son algo abstracto sino histórico, concreto. La insensatez llega en el momento en que no vemos más allá de lo que la historia nos ha contado, de lo que todos los poderosos nos han querido hacer creer.