Ahora se escapan. Sentimientos rebeldes.
Escondidos un día en algún recoveco por tal de no encontrarlos
-por tal de no encontrarte-.
Se escapan para volver a mí, de forma imprecisa,
circunstancialmente, involuntariamente,
forjando en mi piel cicatrices
que ya en su día creí cerrar.
Y basta con un perfume. Pero no,
no es tan solo un perfume. No es tan solo una fragancia.
Es un momento, que regresa del pasado
arrastrado por ése aroma. Arrastrándome.
Y revivo ese momento ajeno a mí presente
que para entonces, parecía tan inciertamente feliz.
Y ya ves,
después de tantas divulgaciones,
me queda una canción,
me queda un perfume,
me queda un lugar,
me queda una estación,
un palacio, un recuerdo,
un estruendo que se repite en mi espacio.
Un mal día que arreglar
y unos cuantos que olvidar.
¡Me queda tanto!
Me queda un valioso empeño para seguir avanzando
lejos de ti.
Me queda tanto de ti,
que ni tan si quiera ahora puedo poner un poquito de mi.
Mas, aún me queda una sensación liviana
pero tan sumamente frágil como sutil.
Me queda... ¡¡¡Dios!!! demasiado pesar me queda,
como para abandonarme a mi suerte y dejar que los sentimientos
se mezclen en este caparazón llamado corazón.
Me di cuenta de que me quedaba tanto...
cuando tan solo, quería decirte adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario