Muñeca mariposa, con alas y con piernas,
con piernas y con manos,
y pegada a la espalda andaba a todos lados
sin poder volar.
Que en estos tiempos el volar estaba caro
como caros los besos -no aquellos amargos-.
Como caros los días, que infinitos
se hacían poco a poco a pedazos.
Ni un día entero, consiguió la mariposa
sobrevolar su tejado.
De cimientos y faldones,
de vicios y pecados.
Y ni el tintineo del tiempo,
y ni un desliz entre sus brazos,
pudieron desatarla
de esos lazos.
¡Qué caros los amores!
Que baratos los tragos ...
Danzaba la mariposa
entre cuerpos embriagados.
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