Hasta la lluvia parece timida y cautiva dentro de su propio enojo. Y se desliza desde el cielo, por el aire, suavemente, como si tuviera miedo a danyar con la caida de sus gotas este paraiso. Suavemente, como si quisiera acariciar cada petalo que adorna este escenario multicolor.
El viento sopla con fuerza. El si, el si parece soplar con una intencion de destruccion, para todo aquello que encuentra a su paso. Sopla con la vanidad de la ingenuidad. Sopla con el desasosiego de la liberacion. Y con el, se lleva todos aquellos rostros sombrios que deambulan por las mentes anyoradas.
Se lleva con el las intenciones desintencionadas.
Y los amores naufragan entre sus rafagas.
Y los amores se pierden entre sus remolinos, cuales van a morir al mar bravo y espumoso. Al mar cubierto de un llanto blanco y abrupto. Al mar que se hace complice del lenguaje de la naturaleza, con la extrema precision y el mismo valor y coraje que el viento le viste de soledad. Al mar, vacio de humanos que lo vayan a buscar por miedo a no volver.
Hasta la lluvia, en Sudafrica, es diferente.
Puedes disfrutarla, en su molestia, en su modestia, en su enganyo de dia frustrado, en la oscuridad del dia sin sol. Disfrutas de la lluvia, de mojarte bajo ella, de verla caer a traves de los cristales, bajo un techo que te proteje.
Hasta disfrutas de las nubes bajas, de su densidad cubriendo por completo todas las montanyas, quedandose en una atmosfera de mistero acongojante, pero de aspecto sereno.
Cuanto puede uno disfrutar de la vida, si tiene tiempo y una dosis de buen humor para sentirla con todos sus defectos y virtudes.
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