Quedaban aun 6 horas por delante, las cuales llenaríamos de notas musicales que nos hicieran bailar al son de la música como si fuera nuestra despedida del verano.
Frente al mar, sintiendo que ese momento iba a permanecer para siempre grabado en mi memoria como un recuerdo especial rebosante de tranquilidad y paz.
Al ritmo del reggae, contoneándose la cerveza en nuestras manos. Llenando el estómago de comida basura, pero que en esos instantes, se podía parecer al mejor manjar que uno haya probado. No es necesaria la realidad para salir del convencionalismo de la utopía.
La cámara de fotos se encargaba de inmortalizar dos rostros ensimismados y, como si les hubieran dibujado una gran sonrisa eterna, rebosantes de alegría y una iluminación que solo el bienestar puede darte.
La noche era joven, y nos hacía partícipes de ésta. Brindándonos su juventud, transmitiéndonos su energía para luego canalizarla y devolvérsela a la noche.
El sol se había puesto ya, y nuestros cuerpos bailaban al son de una música que tanto podía transmitirte una sensación de trance, como darte el ritmo incondicional para no cesar de mover los pies.
Y yo me di cuenta, en esos momentos, de cómo mi mente podía vivir su historia, y mi cuerpo otra a la misma vez.
Me di cuenta del poco poder que tenía para convencer a mi cuerpo que mi mente podía dominarle.
Pero los ji jis, y los ja jas, eran la cura perfecta para un cuerpo fatigado por el cansancio.
La claridad de los pensamientos que transcurrían en boca de dos enamoradas de la vida.
La claridad de la visión de ésta misma, quien parece ser que durante tiempo se negó a darnos nuestro regalo más preciado, y ahora por fin lo recuperamos: La convicción en uno mismo.
Y las 6 horas transcurrieron lentamente. Mirar el reloj era desafiar al tiempo. La sensación de llevar días envuelta en ese espacio cálido y como en un estado ingrávido no daba crédito al pasar tan pausado de los minutos, de los segundos. Del tiempo en sí.
Y de esta forma, entre ji jis, ja jas, manjares para recomponer la energía gastada, bebidas para saciar nuestras sedes, y bailes rituales rindiendo una ceremonia a nuestras almas exploradoras, le dimos la despedida al verano, y con ella, también le dimos la espalda a ese pasado incierto que días antes vulneraba nuestra individualidad y nuestra razón de ser para de este modo, dar la bienvenida a nuestras vidas.
1 comentario:
m'agrada molt molt molt ,molt
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