Al combatir el día a día en esta gran ciudad, me he dado cuenta de los miles de factores ajenos a mi mente que dañan mi cuerpo, tanto física como mentalmente.
La presión que comporta el vivir en sí, al no cesar de respirar, al no cesar de alimentarnos, al no cesar de amar... en fin: al no cesar de existir, puede ocasionarnos múltiples heridas internas las cuales no se ven pero duelen como puede doler un corte externo en tu piel.
Y de ahí al fenómeno "cuerpo y mente", cuya emoción mental siempre provoca una reacción física, y claro, viviendo en un mundo en el que evocamos todas nuestras frustraciones por medio de nuestros sentimientos (sean racionales o irracionales) no es de extrañar que los sarpullidos y los escozores y las paranoias mentales estén a la orden del día.
Y es que si a la contaminación auditiva, visual, medioambiental y demás varias mil que hay de por si le sumamos la contaminación mental, como resultado tenemos una sociedad la cual enferma sin motivo alguno aparente y en la que cada vez aparecen nuevas enfermedades, a veces, imposibles de descifrar. Solo quien la padece, sabe realmente porqué es. "Escucha a tu mente y entenderás a tu cuerpo".
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