Atenas: la ciudad de la decadencia y el caos. Cuna de la filosofía y civilización, de los grandes pensadores, quienes tras tanto pensar, fueron los fundadores de la sofística, los grandes divulgadores del engaño que se escondía entre el embauco de la palabrería.
Atenas, guardiana del Acrópolis y a su vez, una masiva población -por lo visto hasta el momento- mal humorada, viviendo entre centenares de edificios olvidados por el tiempo y por el desaprecio, entre aceras mal olientes, sucias y llenas de basura. Rodeados de otros cientos y miles de coches con sus respectivos conductores agresivos al pie de esas carreteras que tanto se cruzan entre ellas y parecen no llegar nunca a su fin ni que tengan un destino que cubrir.
Y entre tanto delirio, se elevan incautas, impolutas y majestuosamente sus iglesias ortodoxas acunando la más frágil sencillez y belleza. Tal vez porqué necesitan enmendarse constantemente a su Dios en busca del perdón por toda esa brutalidad humana que desprenden por sus labios, en busca del valor para seguir viviendo en la cuna de la incivilización.
Y a sus afueras: la bella Acrópolis rodeada de una densa vegetación y armonizada por el alegre canto de los pájaros.
Atenas, en todo su esplendor, la paradoja que encabeza la locura humana.
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