Hoy despierto ebria,
aunque no de alcohol,
pero sí de sueños borrosos
manchados de incomprensión.
Hoy amanezco sola,
perdida entre las sábanas,
acolchada por una almohada
que suplica un respiro.
Y sumergida por esta embriaguez
con un desayuno pesado
sin sabor, sin apetito, sin un porqué,
reanudo mi marcha, me pongo en pie.
Sin rumbo. Mis dedos teclean.
Mi mente ni tan siquiera piensa.
Los días transcurren, malditos de esta presión,
de esta burbuja, de esta paranoia.
De este delirio, que me ha llevado aquí.
De esta incerteza a la que le he dado vida
robándome la mía, olvidando lo que era,
y reprimiendo mis sentidos, anulándome a mí.
Y lo que más desean mis ojos,
que por ahora se cierran,
que por ahora se ciegan
con una venda en mi rostro.
Y lo que más desean,
ellos, que no ven ni pelean,
que no vuelan ni sueñan.
Ellos, que tan solo quieren vivir.
Ni los sentimientos resbalan por mis mejillas,
ni una lágrima se asoma estos días
por mi alma llena de heridas.
No se cierran, no se curan, tan solo permanecen vivas.
Hoy despierto ebria.
Igual que ayer.
Igual que esas madrugadas
en las que perdí la fe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario