Y por decir, no dije lo que creía que quería decir.
Y de tanto decir, me quedé sin palabras
y este silencio es tan abrumador, como un inmenso grito
que se ahoga en mi interior sin terminar de apagarse.
Sin una voz que lo acalle. Sin unos brazos que lo amparen
y no se sienta desprotegido ante tal liberación.
Terminar. Término. Terminó. Fin.
Y un juego de palabras que vacilan sin oscilaciones
ni pretensión alguna porqué restan vacías de historias.
Las historias que jamás viví porqué siempre creí estar y,
sin embargo, me fui hace mucho, y nunca estuve.
Estuve estando, observando tanto lo que transcurría
en un exterior tan incierto e inexplorado, que no exploré,
lo explorable y reconocible.
Y me tropezé al ver que no estaba, que era tal vez un espejismo
de mi sombra, de mi ser, de mi álito que susurraba poesías extraviadas,
poesías que dibujaban en si, mi alma.
Un alma que voló hace mucho tiempo, hacia mí, y recién, la he encontrado.
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