Hoy sonreí al recordarte.
Debí parecer una niña de quince años.
La lluvia empapaba mis pies, los cuales se visten aún de verano negando la llegada del otoño.
El viento contoneaba las gotas en mi cara. Y me sentí fresca y viva. Tanto que decidí cerrar mi paraguas y sentir como el agua descendía por mi cuerpo. Sintiéndola como si fueran tus dedos los que acariciaban mis mejillas.
Hoy sonreí al recordarte, levemente, ligeramente, pero casi pude notar como mis labios se quedaban permanentemente medio abiertos sin ganas de cerrarse.
Sí, lo hice como una niña al recordar, tal vez, el regreso de lo que forma parte de la niñez.
Y me sentí tremendamente estúpida y confusa a su vez. Porque quise borrarte cuando apareciste, pero la calle oscura me aclaró aun más tu visión.
Porque recordé tus formas más humildes. Tus gestos inocentes. Las cientos de sonrisas que me me has brindado, como la que hoy dibujé por ti.
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